FISCALIDAD
El desarrollo de la fiscalidad fue imprescindible para la expansión económica que vivió Europa a lo largo de la Edad Moderna. Esta evolución financiera vino de la mano de varios factores:
El desarrollo de nuevos medios de pago, a parte del metálico, como el de la letra de cambio. Esta nace en el norte de Italia hacia el siglo XIV y consistía en una operación que agilizaba las transacciones monetarias por la que un "dador" expedía una letra de cambio a un banquero llamado "tomador", el cual se la enviaba a su corresponsal, llamado "beneficiario", allí a donde estaba dirigida para que pagase al "librado" a nombre del dador. La operación se reinvertía para confirmar al dador que su pago había sido efectuado. Esta operación incluía unos intereses, dado que conllevaba una operación de transferencia de capital, una operación de crédito y una operación de cambio de divisas en caso de que fuese una transacción internacional. La consecuencia más directa fue el uso que se le dio a estas letras de cambio como medios de pago transfiriendo el derecho de cobro.
El desarrollo de las ferias, lugares donde se juntaban los mercaderes dedicados a una actividad en concreto para realizar negocios. Las había de comercio, cuyo principal objeto de operaciones eran mercancías, y pago, donde los mercaderes se juntaban para concretar pagos y deudas. Destacan Amberes, Lyon y Medina del Campo.
Esta evolución hubiese sido imposible sin un desarrollo paralelo de los bancos. Estos se conocían desde la Baja Edad Media, pero sufren una expansión en el siglo XV. Existían diversos tipos de bancos: los bancos públicos, en los que había una intervención del Estado; los bancos de corte, mal estudiados se sabe que acompañaban a la corte adelantándoles dinero cuando lo demandaban, pero la accesibilidad que experimentaron los bancos privados los dejó obsoletos; bancos particulares o privados, en los que más que una entidad financiera sería correcto hablar de banqueros, los cuales custodiaban depósitos por los que pagaban unos intereses y concedían créditos a cambio de unos intereses, por supuesto, mayores; ya entrado el siglo XVIII aparecerán los bancos centrales como institución encargada de los depósitos y la deuda de los estados.
HACIENDA
La hacienda funcionaba por entonces de manera muy diferente a la actual. Hoy en día se calculan los gastos en función de los ingresos que haya. Por entonces los gastos se realizaban a crédito, siendo los ingresos una garantía del cobro de los mismos. Podían distinguirse dos tipos de deuda:
Deuda flotante- Entendida como aquella contraída por el monarca con un banquero en forma de asiento.
Deuda consolidada- Contraída por el estado con algún particular a modo de títulos de deuda pública, juros...
Como anécdota, la Gloriosa Revolución de 1688 en Inglaterra pretendía, entre otras cosas, obtener la garantía absoluta del pago de la deuda contraída por el estado. Esto trajo multitud de inversores a Inglaterra a lo largo del soglo XVIII, lo que le permitió armar un ejército notable y protagonizar el despegue naval de ese mismo siglo.
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